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La Montaña - Segunda Parte

La mañana después, mi despertador, me hizo saltar en la cama, cuando sonó a las 5 am. Una hora buena para salir temprano a la montaña. Era muy temprano y todavía estaba cansada, pero me acorde de la montaña, y realizar mis sueños, y forzó mi cuerpo cansado a salir de la cama.

Todo el camino al baño, entrando en la ropa de escalada y bajando las escaleras, pude escuchar la voz de mi amigo otra y otra vez: ”No importa cuánto las voces me llamaban, no importa que difícil fue, no importa cuánto luche”. Intente no tomar nota, apretar mis mandíbulas y fijar mis dientes, y encontré un espejo donde puede gritar unos afirmaciones formadas de puro aire “Si, si, tu puedes hacerlo, eres la mejor”. Pero incluso entonces note que mi voz me fallaba.

Me demoró mucho tiempo en ordenar todas las cosas, cuerdas, comida, mochila y una vez que tuve todo en orden, me sentí sin fuerzas, y mi corazón bombeaba intensamente y casi doloroso en mi pecho. Estuve en la cocina, mis dedos haciendo hoyos en el mesón de trabajo, y pude sentir lágrimas subiendo en mis ojos.

“¿Que……. esta mal contigo?” me inculpó a mí mismo. “Es solo una montaña. Tu amigo pudo, fácilmente, en un día, y aquí estas, haciendo un tremendo “show”. ¡Es típico, eres un perdedor! No sirves para nada, no tienes fuerza de voluntad, y los que te dijeron que nunca iba a llegar a ningún lado en el mundo real tienen toda la razón, o no…. Solo hablas. No tienes lo que se necesita en el mundo. Cobarde, perdedor. Si, vuélvete a tu sofa no mas. Por lo menos no puedes hacer daño ni a ti ni a nadie mas allí.

Cerré mis ojos y busque en lo más profundo mis reservas de fuerza. Como si mis piernas eran de madera, les obligue a caminar hacia la puerta trasera y empezar el camino hacia la montaña.
“Solo un paso, dijo”, hablando por mis dientes apretados, otra y otra vez, como una mantra, “Solo un paso uno al frente del otro”. Al salir fuera vi la………. montaña, lejos, una altura imposible y gris.

A mirarlo algo en mi interior se congeló. “No puedo hacer esto,…..” susurre, “y es la verdad. No soy suficiente fuerte. Simplemente no puedo”, y me senté en el piso, justo en el lugar donde estaba, mi frente en mis manos, llorando ríos de lagrimas de vergüenza, de frustración conmigo mismo, y todos estos años cuando nunca había sido suficientemente bueno, nunca logrado suficiente para ganar mi propio respeto, todo cayendo encima de mí, desde esa montaña terrible.

Estuve sentada mucho rato, llorando, cuando escuche una voz de algún lugar, que dijo, “¿De que estas llorando?”
No pude levantar la cabeza con mi cara hinchada y ojos rojos, solo respondí “Porque no puedo subir la montaña”.

“¿Y qué? Porque quieres subirla?”
Mire rápidamente a mi alrededor y vi un pequeño gnomo descansando en la escalera.
“Bueno,……” dije, “Bueno, creo que es porque tengo que hacerlo.”
“¿Quien te obliga?” pregunto el gnomo sin prestar mucho interés, arrancando un poco de pasto.

Tuve que para y pensar un momento.
Claro, era yo que me estaba obligando.
¿Pero porque? ¿Qué estaba intentando de demonstrar y para quien? ¿Porque me estaba torturando en esta manera? ¿Qué locura había caído sobre mí?

Levante la cabeza para contestar, pero el gnomo ya no estaba. Sonríe, me levante y me limpie. Busque en mis bolsillos por un papel para sonar mi nariz, entre de nuevo a mi casa y me saque la mochila y la ropa de escalada.
Saque todo de mi mochila. Me lleve el agua y las galletas al columpio de mi jardín. Me columpio comiendo las galletas y tomando el agua y me sentí mejor cada minuto.

A lo mejor, me dijo, a lo mejor estoy haciendo esto en una manera equivocada.

A lo mejor es mejor entrar a la casa y encontrar una manera diferente para ordenar todo esto que me está causando tanto dolor, tanto conflicto.

A lo mejor es mejor buscar un poco en Internet para encontrar algún tipo de ayuda, alguna terapia, algunos cambios que se puede realizar que no me duele tanto. Realmente tuve muchos problemas. Realmente había mucho trabajo que realizar –interno y externo. Pero no quise mas obligarme a hacer cosas contra de mi voluntad. No quise seguir pegándome, mal hablándome y haciéndome más daño.

Tenía suficiente heridas ya.

Ahora era el momento de sanar.

Estoy sonriendo cuando me acuerdo de esto.

Porque, dos años después de ese día que te acaba de describir, estaba mostrando un álbum de fotos a un amigo, y allí había una foto de un mar de nubes tomado desde la cima de aquella montaña.
En ese momento quise subir.

Había disfrutado cada paso, alongando y alcanzando, ejercitando mis músculos y sintiendo mi corazón trabajando fuerte y firme. Había disfrutado ser soplado por los fuertes vientos acerca de la cima, segura que ahora tenía el conocimiento de un escalador.

Y cuando estuve en la cima ese día, encima las nubes en el azul eterno y luz del sol, me olvide por completo de felicitarme, ni siquiera me sentí orgullosa de mi logro.

Estuve demasiado preocupada disfrutando las maravillas del paisaje que se reveló enfrente de mí.

Libre de texto de Silvia Hartman 1999

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Nora Eloisa del Carmen Comentario por Nora Eloisa del Carmen el mayo 31, 2009 a las 3:59pm
que bueno su, me encanto.- un abrazo

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